Categoría Juvenil, Tercer Puesto
Cavé durante horas. Decían que ahí estaban. Que los desaparecidos dormían bajo los escombros como un secreto sin voz. Encontré un zapato infantil, un diente, un rosario aún tibio. Luego, una hebilla oxidada… la de mi madre. Me arrodillé y metí las manos con furia de animal herido. Las uñas rotas, el pecho en llamas. Nunca creí hallarla. Pensé que la guerra la había tragado sin dejar huella. Pero no. Estaba ahí. Entierro sobre entierro. Cadáver sobre olvido. Y yo, su hija, paleando la historia mientras el Estado miraba el cielo, como si la verdad cayera inconscientemente con la lluvia.
Salomé Sánchez Múnera, 15 años, Itagüí
Ilustración: Isabella Soto Vallejo @midoriclubdefans

